Prólogo
por Jeanne Gerrity

traducido por Juana Berrío
Estoy escribiendo este texto desde San Francisco en agosto de 2020. Salir a caminar se siente como ir en contra del viento de una hoguera. El aire es brumoso y caliente, espeso con el hedor de los bosques en llamas. Varios incendios provocados por tormentas de relámpagos arden de manera incontrolable alrededor de California. Se han perdido vidas, las construcciones han terminado reducidas a cenizas, se han destruido hábitats naturales. Reemplazamos las mascarillas quirúrgicas que nos protegen contra la pandemia mundial por mascarillas gruesas con filtros especiales para cuidar nuestros pulmones.

“Quipu Quemado”, 2018, vista de la instalación, “A Punto de Suceder”, BAMPFA, Berkeley, CA. Foto por Johnna Arnold. Cortesía de BAMPFA y la artista.
“Quipu Quemado”, 2018, vista de la instalación, “A Punto de Suceder”, BAMPFA, Berkeley, CA. Foto por Johnna Arnold. Cortesía de BAMPFA y la artista.


Me viene a la mente Quipu Quemado (Burnt Quipu) de Cecilia Vicuña (2018). Anchos cordones de lana anudados y teñidos con los colores del fuego, de la ceniza y del hollín colgaban del techo en su exposición A Punto de Suceder (About to Happen) presentada en el Museo de Arte de Berkeley (Berkeley Art Museum) hace dos años. Aunque esta instalación fue hecha en respuesta a los incendios que sucedieron en el norte de California ese año, también hace alusión a un tema recurrente en el trabajo de Vicuña: los efectos desastrosos del cambio climático como consecuencia de la imprudente actividad humana. [1] Nuestra mejor opción es convivir con el mundo natural, como las tradiciones indígenas nos han estado diciendo todo el tiempo, y Vicuña se basa en estos conceptos ancestrales para ayudar a difundir este mensaje.
Proponemos reducir la velocidad rápidamente, a toda raja, antes de que sea demasiado tarde, antes de que la aceleración nauseabunda de (nuestra) destructividad nos mate a todos. Podemos realizarlo a diario y llegará la conciencia de que otros también lo están haciendo.

Sintoniza la raja, el desgarro, la rasgadura, la abertura, el resquicio entre tus piernas, para tomar su pulso. Deslízate fuera del tiempo y entra en la corriente cósmica. Libérate de las garras de la cosmovisión basada en las divisas monetarias y la opresión colonial y nada dentro de lo que realmente somos, indígenas del universo.

(Camila Marambio y Cecilia Vicuña, 2018)
Durante cinco décadas, Cecilia Vicuña (n. 1948, Santiago de Chile) ha estado haciendo arte en forma de poesía, performance, instalaciones, esculturas, pinturas y acciones callejeras que se resisten al capitalismo y trastocan al colonialismo desde una perspectiva feminista. En este momento, el trabajo de toda su vida es más urgente que nunca.
Una obra dedicada al gozo no es una obra apolítica, porque quiere hacer sentir la urgencia del presente, que es la urgencia de la revolución. (Cecilia Vicuña, 1973)

“Fidel y Allende” [Fidel y Allende], 1972, óleo sobre lienzo, 72 × 59 cm. Foto: England & Co Gallery, Londres. Colección privada. Cortesía del artista.
“Fidel y Allende” [Fidel y Allende], 1972, óleo sobre lienzo, 72 × 59 cm. Foto: England & Co Gallery, Londres. Colección privada. Cortesía del artista.


En 1973, el golpe militar de Augusto Pinochet derrocó al presidente chileno Salvador Allende y volcó la promesa de un futuro socialista para Chile, que en cambio se convirtió en el horror de una dictadura totalitaria. En ese momento, Vicuña estaba estudiando en Londres y se vio profundamente afectada por esta catástrofe política. Estaba trabajando en Sabor a mi (1973), su primer libro de poemas eróticos y feministas, el cual ella rápidamente reinventó como un manifiesto contra el golpe de Estado, y también estaba trabajando en sus pinturas falsamente naif (faux-naive) de la década de 1970, que incluían temáticas que abarcaban a Fidel Castro, el amor cuir y las marchas de protesta. El arte y la política entonces se entrelazan de manera indeleble y, desde ese momento, ella trabaja para contrarrestar la pérdida de la esperanza con una enérgica determinación.

Vicuña rechaza la noción de que la poesía es elitista y erudita, sacándola de la academia y llevándola a las calles. En el performance Vaso de Leche / Glass of Milk (1979), derramó un vaso de “leche” (pintura blanca) en una acera en Bogotá, Colombia, y escribió un poema en el pavimento con el fin de llamar la atención sobre el delito cometido por unos comerciantes locales que agregaron pintura a la leche para aumentar sus ganancias, lo cual resultó en la muerte de 1.920 niños y ninguna acción por parte del gobierno. Su documental de 1980 ¿Qué es la poesía para ti?, en el cual Vicuña presenta la pregunta del título a un grupo diverso de residentes de Bogotá––desde mecánicos hasta trabajadoras sexuales y estudiantes universitarios,–– afirma que el arte y la poesía no pertenecen solo a la clase alta. Vicuña se niega a tratar con condescendencia a su audiencia conformada por ciudadanos comunes; su trabajo es decididamente complejo y conceptual.

“Vaso de leche”, 1972/2002, performance, Bogotá, cuatro impresiones digitales de archivo. Foto: England & Co Gallery, Londres. Colección privada. Cortesía de la artista.
“Vaso de leche”, 1972/2002, performance, Bogotá, cuatro impresiones digitales de archivo. Foto: England & Co Gallery, Londres. Colección privada. Cortesía de la artista.


Palabrarmas es un neologismo compuesto por los términos “palabra” y “armas”. Los acertijos de Vicuña son ingeniosos juegos de palabras que se convierten en signos literales de protesta destinados a provocar acciones globales. La palabra “verdad” se deshace para convertirse en dar ver (dar vista), y pala (herramienta que sirve para excavar) emerge de palabra para revelar una potencial arma ejecutora física dentro del texto. Creadas a finales de los 60 y 70, las Palabrarmas de Vicuña audazmente proponen que el lenguaje puede combatir la violencia en una época de corrupción desenfrenada y espantosos crímenes. Originalmente, ella las había llamado adivinaciones para denotar su conexión espiritual. Estas frases inventadas usan el lenguaje de forma conjunta con el arte visual como una herramienta intelectual y una fuerza mística. El poder simbólico del lenguaje es evidente hoy en día en las protestas del movimiento conocido como Las Vidas Negras Importan (Black Lives Matters): el eslogan como tal ha sido pintado a gran escala en las calles vacías de centros urbanos y a lo largo de los edificios tapiados para mostrar solidaridad con el movimiento, al igual que muchas paredes han sido marcadas con frases poéticas y citas de personas como Martin Luther King Jr. y Nelson Mandela.

“Pal abra”, 1976, collage sobre papel rojo, 29 x 24 cm. Cortesía de la artista.
“Pal abra”, 1976, collage sobre papel rojo, 29 x 24 cm. Cortesía de la artista.

Las palabras quieren hablar; escucharlas es la primera tarea. (Cecilia Vicuña, 1984)
Las lecturas de poesía de Vicuña son eventos memorables que mezclan ritual e intelecto. Canalizando a un chamán, ella canta en español, inglés y dialectos autóctonos de América Latina, como el quechua y el mapuche, alternando idiomas para destruir la hegemonía del inglés. Con lana roja, ella va rodeando a los absortos miembros de la audiencia, dirigiéndose hacia el frente de la sala. Vicuña ignora constantemente los límites entre los medios artísticos, negándose a encajar perfectamente dentro de las categorías predeterminadas por el mundo comercial del arte occidental. Las lecturas se transforman en performance. La poesía se convierte en signos de protesta. Las esculturas son absorbidas por el mar.
El sol teje el hilo de la vida alrededor del mundo, la tierra es un telar y el sol teje la noche y el día (Cecilia Vicuña, 1997)
Cuando nos encontramos, me dice que el Tao Te Ching, el texto fundamental del taoísmo, ha tenido un profundo efecto en ella: “Permanecer en el Camino antiguo / Dominar lo que ahora ha llegado a ser / Y sondear su antigua fuente: Esto se llama el hilo del Camino ”. Puedo ver cómo este énfasis en la armonía de las fuerzas productivas del cosmos resuena con el propio respeto de Vicuña hacia las culturas antiguas, así como el concepto del hilo como fuerza conectiva es una herramienta y una metáfora que recorre su obra. Los hilos de Vicuña son tejidos a partir de lana y otras fibras orgánicas que tienen una larga historia estética y utilitaria.

“Quipu Mapocho”, 2016, vista del performance, Llolleo, Chile. Cortesía de la artista.
“Quipu Mapocho”, 2016, vista del performance, Llolleo, Chile. Cortesía de la artista.


Sus instalaciones inmersivas compuestas por ovillos de lana suave rinden homenaje a los quipus, un intrincado sistema de cuerdas anudadas utilizado por las culturas precolombinas para la contabilidad y el mantenimiento de registros. Como instrumentos creados antes del lenguaje verbal, los quipus eran hechos con textiles por su poder simbólico y su ligereza. Los quipus viajaban como mensajes codificados transportados por corredores (chaskis) a través de todo el universo Inka, desde Ecuador hasta Chile. Se dice que la intención del uso de los quipus indígenas era la transmisión de la memoria, sin embargo, su uso original no se conoce con certeza. Adoptando las incertidumbres que rodean a los quipus, las instalaciones de Vicuña evocan estos sistemas de conocimiento andino que fueron destruidos por los regímenes coloniales, abarcando los temas de disolución, supresión y tergiversación. Vicuña no le teme a la asociación de carácter feminista del arte textil, sus quipus a menudo son teñidos de color sangre para afirmar el dominio matriarcal relacionado a la menstruación. Esta adopción del color rojo continúa la celebración del cuerpo femenino que Vicuña comenzó con su desafiante pintura feminista Ángel de la menstruación (1973).

“Ángel de la menstruación”, 1973, óleo sobre lienzo, 57,1 x 48,2 cm. Foto: England & Co Gallery, Londres. Colección Catherine Petitgas. Cortesía de la artista.
“Ángel de la menstruación”, 1973, óleo sobre lienzo, 57,1 x 48,2 cm. Foto: England & Co Gallery, Londres. Colección Catherine Petitgas. Cortesía de la artista.


“La presencia da a las cosas su valor, pero la ausencia las hace funcionar”, dice el Tao Te Ching. Los precarios de Vicuña, pequeñas esculturas de objetos encontrados compuestos por elementos naturales y desechos plásticos, expresan una aceptación de la naturaleza efímera de las cosas. Se resisten a la conservación, ya que se degradarán con el tiempo. Vicuña no pensó que su primer precario, creado en una playa de Chile en 1966, estaba terminado hasta que fue arrastrado por la marea. Desde entonces, ha construido cientos de estas frágiles esculturas, a menudo cerca de cuerpos de agua y con frecuencia al aire libre. Estos combinan objetos cotidianos en yuxtaposiciones sorprendentes y reveladoras que ella llama "metáforas en el espacio".

“Precario”, 2018, vista de la instalación, “A Punto de Suceder”, BAMPFA, Berkeley, CA. Foto de Johnna Arnold. Cortesía de BAMPFA y de la artista.
“Precario”, 2018, vista de la instalación, “A Punto de Suceder”, BAMPFA, Berkeley, CA. Foto de Johnna Arnold. Cortesía de BAMPFA y de la artista.


Elaborados con materiales orgánicos como ramas, plumas y hojas, y desechos sintéticos como retazos de tela, cuerdas y piezas de equipos electrónicos, los precarios comulgan con la naturaleza sin someterla a la violencia. Reflejan la degradación ambiental, pero también abarcan la idea de la desaparición y, en particular, la desaparición de los pueblos indígenas. Vicuña a veces se refiere a los precarios como "basuritas" o "pequeña basura", las cuales son referencias literales de los materiales desechados que forman estas exquisitas esculturas. Sin embargo, estos también hacen referencia a su sensación de ser tratada como basura dentro del mundo del arte occidental dominante siendo una mujer y artista latinoamericana. Los precarios reconocen que una parte significativa de la población mundial, en particular las mujeres BIPOC (negras, indígenas y personas de color) viven de forma precaria en la era del capitalismo patriarcal y global.

Four Directions [Cuatro Direcciones], 1983, vista de la instalación, Block Island. Cortesía de la artista.
Four Directions [Cuatro Direcciones], 1983, vista de la instalación, Block Island. Cortesía de la artista.

"La Gitana Dormida (Un león vigila su cuaderno de sueños)"

La gitana ha escrito durante años
Una obra secreta que nadie jamás
conocerá, pero que ha empezado
a realizarse en la vida real.

Mientras ella continúa soñando
sus sueños forman el mundo.

El león, sin embargo,
no puede dormir.
Si deja de vigilarla,
ella podría despertar
y nosotros desaparecer
instantáneamente.

(Cecilia Vicuña, 1966-1971)
Si Vicuña es la protagonista de este poema, entonces su presagio se ha hecho realidad: el texto secreto ha comenzado a materializarse en la vida real. En el otoño de 2019, Chile vivió una protesta nacional para exigir el cambio. Enfurecidos y movilizados por la desigualdad económica desenfrenada en el país, los chilenos salieron a las calles en protesta. Durante una de mis visitas a su taller, ella me cuenta que las mujeres jóvenes de Santiago recientemente rehicieron sus carteles de Palabrarmas y usaron hilo rojo como parte de sus acciones durante el movimiento de resistencia.

El trabajo de Vicuña es, y siempre ha sido, profético y urgente. Ella retrocede en el tiempo para encontrar verdades ancestrales enterradas por historias coloniales. Incluso la solución a los incendios forestales que actualmente están arrasando con California podría estar arraigada a las prácticas indígenas que solo unos pocos recuerdan. [2] Contrariamente a la arrogancia del mundo del arte y de la codicia del neoliberalismo, Vicuña recurre a las conexiones profundas entre la humanidad y la naturaleza para expresar la precariedad de nuestra existencia.

Mientras que, literalmente, el mundo se incendia a nuestro alrededor, vivir en condiciones precarias se ha convertido en la norma más que en la excepción. En California, la tasa de desempleo subió al 18,2% en julio, frente al 3,9% de enero. Junto a la repentina pérdida de puestos de trabajo, aumenta enormemente la falta de vivienda y de seguridad alimentaria. Las escuelas públicas del Estado han estado cerradas durante seis meses. En todo el país, la policía está asesinando a personas negras y el país está siendo dividido por un presidente fascista. Ante estos horrores nos preguntamos: ¿Qué papel juega el arte en la revolución? ¿Puede el arte marcar la diferencia? ¿Cómo podemos utilizar el arte como herramienta para comprender mejor el mundo y a nosotros mismos? ¿Es el arte suficiente? Abordamos estas preguntas a través de la obra de Cecilia Vicuña, cuyo trabajo aborda temas relacionados con la agitación (y destellos de esperanza) de nuestro momento presente.

Mientras ella sigue soñando, sus sueños crean el mundo.


Notas al pie:
[1] Recientemente, la estrecha relación que hay entre la propagación de enfermedades infecciosas y el cambio climático ha sido espeluznantemente más clara. https://www.hsph.harvard.edu/ c-change / subtemas / coronavirus-y-cambio-climático /

[2] https://www.nytimes.com/2020/01/24/us/native-american-controlled-burns-california-wildfires.html